Aprovechando el festival de cine africano organizado por la asociación catalana L´Ull-anonim, en los cines Méliès, Jorge Caicedo nos ha presentado la Colombia africana que reivindica en sus reportajes cinematográficos: una Colombia desconocida que bebe con orgullo de la cultura africana. El discurso comprometido y crítico de los documentales de este docente universitario ha sido recibido con mucho interés por el público catalán y, una vez más, Barcelona se ha convertido en el escenario de un intercambio multicultural sin precedentes entre Latinoamérica y África.
La realidad afro-colombiana en el Pacífico
Cali es la segunda ciudad latinoamericana con mayor población afro-descendiente después de Río de Janeiro. Esto se debe a que Cali se ha convertido desde hace muchos años en un importante núcleo de poder en el Pacífico colombiano. Más de una tercera parte de su población tiene raíces africanas y, aún así, sigue siendo una ciudad que ignora su identidad negra, quizás por estigmas o simple indiferencia.
Aunque no le guste criticar a su país fuera de sus fronteras, nuestro entrevistado considera que ciertas cosas no pueden ser ocultadas. Es patente el enorme olvido estatal de la costa del Pacífico. De ahí se extrae la madera, los recursos naturales, pero, lamentablemente, no se hace ningún trabajo sólido e integrador con los lugareños (en su mayoría afrodescendientes).
“El pueblo afro ha sido históricamente un pueblo que busca el río o la costa y, desde siempre, el Estado y las comunidades se aprovechan de que este personaje se haya aislado para marginarlo más”.
Lucha por la defensa de una identidad
La comunidad afro-colombiana se encuentra en un momento histórico en el que tiene que concienciarse de su identidad para luego exigir el derecho de permanecer en sus tierras. Sólo existe una ley clara de afro-colombianidad (la ley 70 aprobada en el año 1993) que por fin da un amparo jurídico a las poblaciones de origen africano establecidas en ciertas zonas y les permite adueñarse de esos territorios si demuestran una presencia de más de cien años. Se trata de una ley muy reciente, mayoritariamente desconocida por los afrodescendientes.
Sin embargo, esta lucha se ve dificultada por una política que destruye la biodiversidad y los enormes recursos que contiene esta parte del territorio colombiano. Según las palabras de Jorge Caicedo, el gobierno actual “no le está haciendo juego a la diversidad” sino que da vagas instrucciones de organizarse en comunidades para luego arrebatar, sin explicaciones, los títulos de propiedad a las nuevas entidades. Eso es lo que justamente denuncia el entrevistado en su último documental “La virgen de la arena”.
Por otro lado, la comunidad afro-colombiana es menos consciente de su historia y de su identidad que otras etnias indígenas, quizás debido a la esclavitud y la siguiente falta de líderes influyentes. Por eso la lucha pasa primero por una organización y movilización interna.
Retos y avances
Los retos son enormes. La comunidad afro-colombiana tiene como primer reto fortalecer su identidad colectiva y recurrir a la memoria histórica africana, pero sin crear guetos (al igual que otras minorías indígenas que tienen muy claro cuáles son sus fundamentos y tradiciones).
El segundo reto es encontrar y alentar un liderazgo fuerte y moral. Hasta ahora, el liderazgo afro-colombiano y las figuras exitosas han sido muy a menudo nocivos. Los líderes políticos que llegan a puestos claves acaban siendo implicados en casos de corrupción u otras graves malversaciones.
Si bien el panorama puede parecer espantoso, los avances han sido notables y la tendencia muy esperanzadora. Mucha gente se incorpora voluntariamente en el proyecto y trabaja honestamente. Por todo el territorio aparecen nuevas personas con ideas y ganas de colaborar, se han creado varias radios y una televisión étnica. Existen salidas que se están aprovechando y que, con tiempo y dedicación, darán frutos.
¿Existe una forma de acercar las posturas del Estado y de la población afrodescendiente?
No existe otra solución que la de sentarse y dialogar. Ambas partes pueden salir beneficiadas. Sin embargo, actualmente, las cosas se llevan de una forma muy distinta: se toman primero las decisiones y luego se informa a las poblaciones de lo que tendrán que hacer.
Preguntado sobre la extensión de su lucha por la defensa de la cultura afro-colombiana, Jorge Caicedo nos responde que “sólo podremos parar de luchar cuando la población negra sea visible para el resto de Colombia, cuando esa otra Colombia entienda que sólo hay una Colombia, cuando se nos trate como colombianos sin necesariamente ser iguales que los demás, cuando se respete nuestro derecho a trabajar nuestras tierras y a vivir con nuestras costumbres, cuando se respete simplemente la vida, cuando se potencie la diferencia y que toda la población entienda que con esa diferencia el país va a crecer”.
Más información en www.ullanonim.org