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Señora de las Letras

Autor: Sergio Alessandria - Fecha: 01/11/2008

Piedad Bonnett es una poeta, dramaturga y traductora colombiana nacida en Amalfi, Antioquia. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes, donde ocupa la cátedra de Literatura desde 1981, recibió mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz, por su primer libro de poesía “De Círculo y Ceniza” publicado en 1989. En 1996 publicó “Ese animal triste” con el que se reafirmó como una de las voces más representativas de la poesía colombiana contemporánea. Fue galardonada con el Premio Nacional de Poesía en el año 1994 por “El hilo de los días” y recientemente fue jurado de la elección del grupo “Bogotá 39”, 39 escritores latinoamericanos de menos de cuarenta años anunciados en la proclamación de Bogotá como la Capital mundial del Libro. Invitada al festival “Viva América“, Bonnett habló sobre “Literatura y violencia”.


Empecemos con lo más reciente. El grupo “Bogotá 39” ¿fue un divertimento o una gran responsabilidad?

Las dos cosas, pero más que nada fue una tarea dificilísima. Nos tocó hacer una investigación exhaustiva que nos llevó cinco meses de exploración de nombres, leyendo cosas nuevas, y nos topamos con que conseguir algunos autores y libros se nos hacía muy difícil ya que no circula bien la literatura en los distintos países pese a que estamos muy cerca y que los estilos bien podrían gustar de un lugar a otro.
Pero sí que fue muy lindo formar parte de la historia de la formación de este importante grupo. Claro que nos pudimos equivocar y que quizás haya algunos otros autores que merezcan estar entre los elegidos, pero lamentablemente teníamos ese cupo de 39 personas y siempre alguien debe quedar por fuera.


La literatura es una de las artes en las que la juventud está casi mal vista. Parece que no se puede ser un autor bueno y tener menos de 40 años.

Sí, es verdad. Y justamente esa fue una de las cosas que le criticaron a la iniciativa, porque hay muchos escritores que sienten una especie de rechazo con que a la juventud se la reconozca y se consagre a nivel literario, pero a mí me parece que hay que darle una oportunidad a los jóvenes porque los mayores ya tienen su lugar ganado.

¿Actualmente hay una tendencia en la literatura latinoamericana?

Yo creo que no, que no hay una tendencia definida. Hace poco precisamente hice una síntesis y recuerdo haber escrito que las letras están muy influidas por el lenguaje cinematográfico, la música, una literatura muy irónica, con sentido del humor, sin ningún rasgo del realismo mágico, comprometida políticamente como en el caso de Roncagliolo, fragmentaria como la de Vila-Matas o Roberto Bolaños y también de imaginación desbordada, casi fantasiosa.


¿Por qué los literatos tienen que ser paladines de la defensa social?

Porque es un intelectual y a través del ensayo, del pensamiento filosófico y la lectura de la realidad, de su momento histórico, pueden desarrollar una mejor perspectiva de la realidad. Siempre el escritor ha tomado posición y muchas veces le ha costado la cárcel, el asesinato o el exilio. Por eso yo considero que está en una posición privilegiada para dar sus apreciaciones y elevar la voz por aquellos que no tienen la posibilidad de hacerlo.

Su presencia en España es para desarrollar el tema de la violencia en Colombia. Un tema difícil de tratar.

Sí, y me hace sentir incómoda, pero me parece un tema interesante para la gente que está fuera. Yo lo elegí porque nos ven mucho desde esa óptica. No me interesa hacer una propaganda de las bellezas de Colombia, quiero mostrar las cosas que están pasando para que entre todos podamos cambiarlas.

Precisamente quería que nos comentaras algo de esa Colombia que puede ser tan dual. Por un lado el problema perenne de la violencia y, por el otro, festivales multitudinarios de poesía como no se ven en ningún lugar del mundo. ¿Cómo se coordina esa disparidad?

Creo que los festivales son formas de resistencia, refugios espirituales en donde la gente pone su sensibilidad y la salva. La poesía brinda consuelo y de alguna manera derrota el pesimismo. Es como una gran ayuda espiritual.